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(15-11-10) Una investigación recién publicada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) indica que un tercio del atún consumido en el mundo procede de la pesca pirata. A esto se suma la negativa de varios países, como España, a rebajar el número de capturas.
El atún rojo, el más universal de los peces, es también el más valorado y el más perseguido. Tanto, que ha alimentado un lucrativo mercado negro que se salta a la torera las regulaciones internacionales sobre cuotas de captura y produce unos beneficios anuales cercanos a los 300 millones de euros.
La investigación es un trabajo llevado a cabo por 12 periodistas durante un año en una decena de países y denuncia la falta de control de esta pesquería. El ICIJ detalla todo tipo de artimañas llevadas a cabo por el sector para eludir la regulación, como el trasvase de atunes a barcos factoría sin pasar por puerto, el uso de vuelos ilegales de apoyo, gran número de capturas de juveniles no permitidas y casos en los que los propios gobiernos no han declarado las capturas.
El propio Gobierno francés ha admitido parte de esas acusaciones. En un comunicado, el Ministerio de Agricultura reconocía que Francia había superado las cuotas durante años, pero que «desde 2008 se han respetado escrupulosamente», según informa Efe. Francia, de hecho, ya fue sancionada por exceder sus capturas y perdió derechos de pesca en los años siguientes.
REUNIÓN DE LA COMISIÓN INTERNACIONAL
Estas revelaciones llegan cuando apenas falta una semana para la próxima reunión de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) que agrupa a 47 países y la UE y es el organismo que decide y reparte entre los estados los márgenes de captura admitidos cada año.
Los datos sobre pesca pirata se suman a los escasos progresos de las discusiones internacionales sobre el número de capturas necesario para que la especie no se agote. Si hasta ahora la opinión de técnicos y ecologistas era que las cuotas sobrepasaban la capacidad de regeneración de la especie, mucho más difícil será sostener que la pesquería es viable cuando se asume que gran parte del mercado acontece en la sombra y fuera de control.
Pew Environment Group, una fundación presente en las reuniones del ICCAT en calidad de observador ha emitido el siguiente comunicado: “Toda la cadena de suministro del atún rojo en el Mediterráneo padece de una gestión deficiente y sujeta al fraude y el engaño. El informe confirma lo que científicos y conservacionistas han estado diciendo desde hace décadas: las capturas de atún rojo son demasiado elevadas y no toman en consideración la magnitud real de la pesca ilegal. Si no se pone remedio, llevará al colapso de esta pesquería”.
LA PESQUERÍA DEBERÍA SUSPENDERSE TEMPORALMENTE
Desde PEG, que asesora al ICAT en asuntos de pesca, mantienen que "la situación de la especie es crítica y la falta de control en la pesquería hacen necesario un tiempo muerto. La pesquería debe suspenderse temporalmente mientras se imponen controles efectivos para acabar con la pesca ilegal y se permitir a la especie recuperarse, ya que la situación actual es catastrófica. La población se ha reducido un 85% respecto a los años 70”.
El Grupo propone aplicar el principio de precaución e imponer un cierre temporal de la pesquería. Al mismo tiempo, su organización aboga por la prohibición definitiva de la pesca de atunes en las zonas de desove. El comité científico del ICCAT tiene localizadas seis de ellas, una al sur de las Baleares. Afirman que sería irresponsable por parte de los estados no actuar y proteger sus zonas de reproducción».
Otras organizaciones medioambientales pretenden que el ICCAT permita sólo una pesquería artesanal limitada reduciendo el total de capturas entre 0 y 6.000 toneladas por año (la mitad que ahora)y que establezca santuarios de reproducción en los que esté prohibida la pesca.
El precedente de lo que ocurrió con las poblaciones de atún del Atlántico americano debería servir. Fue perseguido intensamente, hasta que se agotó hacia los años 60. Pese a que está protegido desde entonces, la especie no ha remontado y se encuentra aún en números mínimos.
Este es un comportamiento habitual de muchas pesquerías que han colapsado en otros mares del mundo. Una vez que supera un límite, la especie tiene muy difícil volver a remontar. Es esencial que los países actúen a tiempo y eviten que el atún rojo supere ese punto de no retorno. “Una suspensión temporal no es acabar con la pesca de atún, sino intentar que no se acabe para siempre y que se pueda seguir pescando en el futuro” afirman desde Pew Environment Group.
ALTA TECNOLOGÍA, PICARESCA Y CODICIA
Una mezcla de globalización, alta tecnología, picaresca y codicia ha dejado al atún rojo al borde del colapso. Aunque vive en el Atlántico Norte, el atún rojo Thunnus thynnus cruza todos los años el Estrecho de Gibraltar y se agrupa a finales de primavera en el Mediterráneo para reproducirse. Allí han convergido todas las flotas del mundo hasta casi agotarlo.
Entre el 17 y el 27 de noviembre se reúne en París la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT). Los 47 países que la forman van a decidir las cuotas de pesca para el año que viene en medio de la polémica. Algunos proponen que haya un parón temporal de capturas. La UE apuesta por reducir a la mitad las capturas.
Pero hay un grupo de tres países: España, Italia y Francia, que quieren seguir como hasta ahora y están dispuestos a agotar la existencia del atún rojo. Priman los intereses comerciales sobre el valor de la especie. Japón es el principal cliente de España y ese país el principal consumidor de atún rojo del Mediterráneo.
El ICCAT ya ha ido reduciendo las cuotas globales de pesca. Así, de las 28.500 toneladas de 2008 se pasó a las 22.000 de 2009 y a las 13.500 de 2010. Pero lo ha hecho desoyendo a los científicos que le asesoran, que recomendaban recortes más atrevidos.
Este año, el comité de científicos del ICCAT admite que faltan datos para saber si la especie se está beneficiando de las reducciones de cuota de los últimos años. Todo se mueve en un margen de incertidumbre mayúsculo.
En su última reunión, el comité científico concluyó que si se siguen pescando 13.500 toneladas, como este año, es posible que la población de atunes se mantenga estable... Pero sólo con un 60% de seguridad de que esa previsión sea cierta.
Es como si los científicos tuvieran que hacer sus predicciones con una bola de cristal y encima, faltan datos, y los que manejan, los obtienen de la propia industria pesquera. Es como la pescadilla que se muerde la cola y en las reuniones del ICAT esa parece ser la constante.
Mientras haya países como España, con una poderosa flota pesquera dedicada al atún y al servicio de la voracidad japonesa, lo que hace décadas parecía un mercado inagotable da sus últimos coletazos. El atún rojo del Mediterráneo se extingue sin remedio y con el beneplácito del Gobierno español, entre otros.
Texto: Guadalupe Romero |