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(22-01-07) La
biodiversidad marina, como los arrecifes de coral
y las praderas submarinas, sufren una tasa de
pérdida cinco veces superior a la de los
bosques tropicales. A pesar de ello, el área
marina protegida es inferior al 0,1% de su extensión, frente al 10%
de protección de la superficie terrestre, según recoge el libro
“La exploración de la biodiversidad marina. Desafíos científicos
y tecnológicos”, publicado por la Fundación BBVA.
Los
ciclos de conferencias sobre “La exploración de la biodiversidad
marina” organizados por la Fundación BBVA y coordinados
por Carlos Duarte, que se celebraron el año pasado,
han desembocado en un libro que acaba de ser editado por la
Fundación: “La exploración de la biodiversidad
marina. Desafíos científicos y tecnológicos”.
En esta obra, doce destacados investigadores internacionales
presentan los resultados de las investigaciones oceanográficas
más avanzadas y los trabajos que se están realizando
para conseguir un inventario completo de las especies marinas
de nuestro planeta, así como los desarrollos tecnológicos
y científicos que hacen posible esta exploración,
de la que se pueden derivar importantes beneficios para el
conjunto de la sociedad. El libro ha sido coordinado por Carlos
Duarte, profesor de investigación del CSIC en el Instituto
Mediterráneo de Estudios Avanzados.
La exploración de la biodiversidad en los ecosistemas
marinos todavía se halla en sus comienzos a causa, fundamentalmente,
de las limitaciones tecnológicas asociadas a la exploración
oceanográfica. Por esta razón, los océanos
aún siguen deparando sorpresas en sus hábitats
más remotos y extremos, en los que se están llevando
a cabo constantes hallazgos. El retraso en la investigación
sobre la biodiversidad marina es enorme en comparación
con la biodiversidad terrestre. Así, el volumen de estudios
científicos terrestres es diez veces superior al de estudios
marinos.
Los
océanos, con una extensión de 361 millones de kilómetros
cuadrados y una profundidad media de 3.730 metros, cubren el
71 por ciento de la superficie del planeta. Asimismo, los primeros
fósiles conocidos, datados en 3.500 millones de años,
corresponden a organismos marinos; y las primeras especies animales
también aparecen en el mar hace 640 millones de años
(las primeras especies animales terrestres aparecieron hace 400
millones de años), informó hoy la Fundación
BBVA.
SÓLO
EL 2% DE LAS ESPECIES CONOCIDAS SON MARINAS
No
obstante,
a pesar de haber contado con más tiempo
para diversificarse, los organismos marinos suponen tan sólo
el 2% de las especies conocidas. Respecto a las estimaciones
sobre el número de especies marinas todavía por
describir, la profesora de la Escuela de Biología de la
Universidad del Oeste de Australia, Diana Walter, considera que,
“a la velocidad actual de descripción de especies,
se necesitarían de 250 a 1.000 años para finalizar
el inventario de biodiversidad marina, con el riesgo de que para
entonces muchas de estas especies se habrán perdido definitivamente”.
Según
los últimos datos disponibles, cada año se describen
1.635 nuevas especies marinas y, en la actualidad, existen del
orden de 230.000 a 250.000 especies de organismos marinos descritos;
estas cifras indican que la biodiversidad marina representa el
15% de la biodiversidad global descrita (aproximadamente, 1,6
millones de especies).
Dos
de los científicos que colaboran en esta
obra de la Fundación BBVA, Eva Ramírez, investigadora
del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), y David Billett, del
Centro Oceanográfico Nacional del Reino Unido, centran
su participación en el estudio de las montañas
submarinas y las llanuras abisales. Consideran que existen cerca
de 100.000 montañas submarinas que superan los 1.000 metros
de altitud en el conjunto de océanos de la Tierra , y
muchas más de menor altitud. No obstante, únicamente
se han muestreado cerca de 350 y sólo 100 se han estudiado
con el detalle suficiente para saber que en las montañas
submarinas se produce una elevada productividad, se concentran
grandes reservas de peces con valor comercial y la fauna bentónica
es muy diversa.
Igual que sucede con otras zonas de terreno difícil, se
sabe poco de la biodiversidad, distribución y funcionamiento de
las montañas submarinas. Lo que sí han podido constatar
los científicos, según Ramírez y Billett, es que
la pesca en las proximidades de las montañas submarinas ha sido
muy intensa en las últimas décadas y que ello podría
tener graves consecuencias a largo plazo sobre la biodiversidad de un
ecosistema aún por clasificar. Actualmente, con la ayuda de nuevos
estudios basados en medios tecnológicos como los vehículos
de control remoto (ROV), o las cámaras incorporadas a remolcadores
de grandes profundidades, los científicos están ampliando
el conocimiento sobre estos ecosistemas con el objetivo de adoptar medidas
para favorecer su adecuada gestión y conservación.
Texto: radional.gob.pa,
Fundación BBVA, Carlos Duarte |