(27-10-11) El más grande de los delfines de río ha pasado de ser especie vulnerable a estar a punto de extinguirse. Este animal de vivos colores rosados y característica cabeza, sucumbe ante la presión del ser humano, que ha invadido y contaminado su hábitat y esquilmado sus colonias.
El delfín amazónico o boto, como se le llama en Brasil, es el representante más grande de los delfines de río en América del Sur. Los individuos adultos llegan a medir hasta 2,4 metros con un peso aproximado de 160 kg. Se diferencia de otras especies de delfín en que tiene un cuerpo robusto, poco hidrodinámico, pero muy flexible.
También conocido como delfín rosado (Inia geoffrensis), es un delfín de río considerado vulnerable según la IUCN, pero en Ecuador ya está catalogado como en peligro de extinción. Las autoridades ya son conscientes de que es muy importante conservarlo ya que es la única especie de cetáceo que habita exclusivamente en aguas dulces de América.
La IUCN lo catalogó como vulnerable porque se sospechaba la reducción de al menos el 50% de la población en los últimos 10 años o tres generaciones, basado en el declive del área ocupada, la disminución de la calidad de su hábitat, de la menor observación de ejemplares y de los niveles actuales o potenciales de explotación del hábitat.
Su coloración es variable, generalmente cuando nacen son de color gris y a medida que crecen pueden mantener esta coloración, volverse rosados o tener patrones intermedios. El color rosado está determinado genéticamente, pero su intensidad depende de la actividad física del animal.
Aunque las mayores diferencias las muestra en su hocico, que es alargado y provisto de unos 106 dientes, y la coloración del cuerpo, que varía de acuerdo a la edad, claridad del agua y distribución geográfica. Los delfines amazónicos además poseen ojos pequeños y la aleta dorsal está muy poco desarrollada.
SE ADAPTARON A VIVIR ENTRE LA VEGETACIÓN
Estos delfines están muy bien adaptados a vivir en las áreas boscosas de várcea (bosques inundados). Su distribución abarca los sistemas fluviales de los ríos Amazonas y Orinoco. De acuerdo al libro rojo de la IUCN el delfín amazónico está catalogado como especie vulnerable y sus mayores enemigos son la deforestación y actividades humanas que contribuyen a perturbar su medio de vida.
El delfín rosado se encuentra con frecuencia asociado a sistemas donde confluyen varios ríos, en sistemas de lagos y remansos, entre los que se mueven estacionalmente debido a la variación de los niveles de inundación. Cuando las aguas están altas, penetran en el bosque inundado, remontando ríos y se localizan en sistemas de lagos. Pero a medida que el nivel del río disminuye, se desplazan hacia los canales principales.
En su reproducción influyen decisivamente estos movimientos, especialmente en los períodos de aguas bajas y decrecientes (junio-septiembre para el Amazonas y diciembre-abril para el Orinoco). Los eventos reproductivos se presentan en su mayoría en áreas someras en los canales principales. En la Amazonia Colombiana se han descrito áreas de cuidado parental, generalmente asociadas a los sistemas de lagos.
La adaptación morfológica de este delfín al medio que habita tiene también su reflejo en la dentadura, que es de tipo heterodonta, es decir, que tiene diferentes dientes (incisivos y molares), a diferencia de los delfines marinos que es homodonta. Bajo su pronunciado melón, los ojos son pequeños pero funcionales y adaptados a las condiciones del agua turbia donde habitan.
Otra gran diferencia con los delfines marinos: el boto puede mover la cabeza de lado a lado, debido a que las vértebras cervicales se encuentran separadas y no fusionadas. Además, sus aletas pectorales son grandes y con gran capacidad de movimiento. Su aleta caudal es baja y prolongada. La combinación de movilidad en las aletas pectorales y cabeza le permite desplazarse con facilidad en los hábitats inundados con gran concentración de vegetación en los que se desenvuelve.
La agilidad que tiene para desplazarse entre la vegetación y a poca profundidad, se suma a sus excelentes dotes sensoriales a la hora de buscar comida. Se alimenta esencialmente de peces de mediano y gran tamaño, de entre 25 y 95 centímetros. El taxonomista Da Silva, en su amplio estudio del boto, asegura que un ejemplar de dos años ya necesita más de tres kilos diarios de pescado para cubrir sus necesidades energéticas.
Texto: Mark Montoya |