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LA TROMPA MÁS HERMOSA
(31-08-11) Uno de los vertebrados más antiguos de los que pueblan nuestros mares es este extraño pariente de los tiburones, conocido como pez elefante, que sólo se encuentra en aguas profundas al sur de Australia y Nueva Zelanda.
Con un nombre que significa “trompa hermosa”, el Callorhinchus milii debería ser más grato a la vista, sin embargo está en el álbum de los feos. Pero, gustos aparte, aquí́ tenemos al extraño pez elefante, pariente cercano de tiburones y rayas, que vive en las profundidades del suroeste del Océano Pacífico.
Esa gran nariz le sirve para hallar presas en la arena; como otros tiburones, detecta débiles los campos eléctricos que emiten sus víctimas. Tiene además aletas semejantes a alas, dientes fusionados y, sobre la cabeza de los machos, un órgano para enganchar a su pareja durante los apareamientos.
Fue descubierto al sur de Australia y Nueva Zelanda y habita a unas profundidades entre 200 y 500 metros. Su longitud ronda en torno los 60 y 120 cm y su cuerpo es de un color gris con manchas marrones. Pero lo realmente significativo de su aspecto es el morro que se asemeja en forma a la trompa de un elefante.
Desgraciadamente, esta especie de aspecto único constituye un plato muy popular en los restaurantes de Australia, donde se sirve con patatas fritas especialmente los meses de primavera y verano. No se sabe realmente el número de ejemplares que puedan poblar aquellas aguas, pero sí se advierte de una pesca excesiva del pez para satisfacer la avidez del típico “fish & chips” australiano.
Con el nombre científico Callorhinchus milii, es uno de los vertebrados con mandíbula más antiguos de los catalogados. Pertenece al grupo de las quimeras, clase Condrictios (peces cartilaginosos, tiburones y rayas) y al orden Chimaeriformes, que consta de 31 especies en 6 géneros y 3 familias. También se le conoce por otros nombres como quimera fantasma australiana, makorepe, pez blanco, pez trompa… y el más original que hemos encontrado: pez Cleopatra (¿será por su “hermosa” nariz?).
Lo que más llama la atención de su aspecto, ese protuberante lóbulo, es probablemente un dispositivo sensorial para detectar su alimento vivo enterrado en el fondo del mar. Sus aletas dorsales también son muy características por sus espinas en los bordes y la capacidad que tienen de doblarse.
Recientemente se ha llevado a cabo el estudio del genoma del Callorhinchus milii y se ha propuesto como genoma modelo de los peces cartilaginosos que será de utilidad para entender el origen y la evolución de los genomas de los vertebrados, incluidos el de los humanos, ya que compartieron antepasados comunes con este tiburón hace cerca de 450 millones de años.
Entre otros logros, gracias a este estudio se determinó que el tiburón elefante tiene en sus ojos tres pigmentos cónicos que le permiten tener una visión en color muy similar a la de los humanos.
Texto: Guadalupe Romero |