(01-09-11) Todos los años los pescadores de la aldea de Taiji (Japón) cazan 20.000 delfines y otros pequeños cetáceos de forma cruel, tiñendo literalmente el mar de rojo, con el único objetivo de abastecer la industria cárnica y la demanda de los zoos y acuarios.
En estas fechas los pescadores de Taiji (Japón) se lanzan a la caza y captura de 20.000 delfines y otros pequeños cetáceos de forma cruel, acorralándolos en una ensenada de baja profundidad para atraparlos. La escena de las aguas teñidas de rojo por la sangre de los cetáceos, que durante la captura resultan heridos mortalmente, es cada año una terrible realidad que los pescadores tratan de ocultar a la prensa y los observadores que se acercan al lugar.
Los objetivos de esta captura son dos: la producción cárnica y la caza de ejemplares vivos para cautiverio. Para la producción cárnica los delfines son literalmente "acarreados" en camiones a mataderos cercanos donde mueren degollados y desangrados. La carne, rotulada como "carne de ballena", satisface el consumo de la población japonesa e internacional, donde tiene cada vez mayor demanda.
A menudo hieren deliberadamente a algunos de ellos para retener a los miembros de su familia, ya que los delfines no abandonan a un miembro de la familia que está sufriendo. Los pescadores proceden a estrechar las redes para cerrar las salidas a mar abierto. La mañana siguiente, comienza la matanza: los pescadores utilizan lanzas y garfios para apuñalar y desangrar a los animales que no tienen posibilidad de escapar. El mar se tiñe literalmente de sangre, imagen impresionante que ha despertado la ira de la comunidad internacional.
La mayoría de delfines son descuartizados y vendidos como comida, mientras que los que se capturan vivos o levemente heridos, se venden a delfinarios y parques acuáticos para realizar espectáculos, convirtiéndose estos en cómplices de esta matanza.
Esta cacería anual, es la mayor matanza de delfines en todo el mundo y se perpetúa a causa de los esfuerzos por esconderlo a la mayoría de los japoneses. Por su parte, la captura de ejemplares vivos (generalmente hembras jóvenes) para delfinarios y parques acuáticos (para sus programas de "nadar con delfines") los condena a vivir hasta el último de sus días confinados en piscinas como entretenimiento para el gran público.
La industria de los delfines en cautiverio nos muestra una imagen en que ellos se erigen como "salvadores" del destino de los delfines como plato principal. Eso no es verdad. Los delfines y otros pequeños cetáceos capturados para la cautividad representan un valor comercial mucho mayor para los pescadores japoneses que la venta de su carne para el consumo.
La multibillonaria industria de los delfines para cautividad no está salvando a los delfines de la muerte. Están ayudando a mantener esta práctica cada vez que hacen de la pesca provechosa para los pescadores y la industria pesquera. Esto debe ser detenido.
El gobierno japonés y los pescadores dicen que la caza de delfines es parte de la cultura japonesa. Pero en realidad, la mayoría de los japoneses no saben que la matanza de delfines existe. Diversos observadores de organizaciones (One Voice, Earth Island Institute y Elsa Nature Conservancy) han viajado a Taiji en reiteradas ocasiones para documentar y exponer la masacre de los delfines al resto de Japón y del mundo.
Debemos dar voz a los delfines e informar a la población mundial acerca de esta masacre. Asociaciones de defensa de los animales como AnimaNaturalis han realizado cada año diversas acciones de protesta en las principales ciudades de España y Latinoamérica y se busca una repercusión mundial con el fin de aparecer en los medios de comunicación y que estos muestren las impactantes imágenes a la sociedad.
Texto: Guadalupe Romero / AnimaNaturalis |