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(16-02-10) Se la conoce como la ballena asesina, pero ni es ballena, ni asesina. La orca forma parte de la familia de los delfines y por su tamaño y voracidad se la asocia con los cetáceos más grandes. Es una especie cosmopolita, que se encuentra en todos los mares, especialmente en latitudes altas.
Fueron los pescadores y balleneros del Siglo XVIII los que pusieron el nombre de “ballena asesina” a la orca. En aquella época lo único que se sabía de este delfínido, al que se asociaba a las ballenas por su gran tamaño (puede llegar a los 10 metros), es que se comportaba como un gran depredador, como una voraz ballena que incluso atacaba a otros cetáceos de mayor tamaño.
Efectivamente, la orca es un gran depredador de los mares que arrasa con todo lo que se le pone a boca. Su dieta abarca cientos de especies conocidas; es la más diversa entre los cetáceos: peces de todos los tamaños, calamares, mamíferos marinos (especialmente marsopas), focas, gaviotas, pingüinos, tortugas y hasta rorcuales azules…
Esta alimentación varía dependiendo de las poblaciones en cuestión. Son frecuentes las cacerías grupales y el desarrollo de varamientos intencionales para capturar a alguna de sus presas, técnicas que son aprendidas por los cachorros de sus mayores. No tiene predadores naturales; ni el gran blanco se atreve con una orca. Como vemos más adelante, sólo el hombre es su depredador. Sin embargo, en el extenso menú de las orcas no consta el ser humano. Hasta ahora, no se conoce el caso de que una orca haya devorado a una persona.
Es un animal juguetón, aunque al ojo humano llega a hasta la crueldad. Siempre viajan en grupos y cuando llega la hora de alimentarse cazan perfectamente organizados. Se han visto con frecuencia atacar colonias de focas y jugar con ellas como si fueran balones, que se lanzan por el aire de una orca a otra. Un juego que termina tras varios lanzamientos en el estomago de una de las jugadoras, que comen su premio por estricto orden.
GRUPOS FAMILIARES QUE DURAN TODA LA VIDA
Estudios realizados en las costas del Atlántico Norte han demostrado que forman grupos sociales muy activos que duran toda la vida. Has hembras llegan a los 50 años y los machos a los 30 y suelen formar grupos compactos de entre 10 y 40 individuos. Se muestran muy curiosas con las embarcaciones y en ciertas épocas de año, cuando están bien alimentadas, son muy sociables y exhibicionistas.
Esta especie, la más grande dentro de los delfínidos, posee un cuerpo bien robusto, cuyo patrón de coloración es característico y predominantemente negro, a excepción del vientre, una mancha blanca situada por detrás del ojo, y otra ubicada atrás de la aleta dorsal de color blanco grisácea llamada "montura".
Su cabeza es cónica y carece de pico bien definido. Presenta de 10 a 14 pares de dientes en ambas mandíbulas. Sus aletas pectorales son grandes y redondeadas, poseen una aleta dorsal insertada en la mitad del dorso por delante de la montura, cuyo desarrollo cambia con el tiempo.
Presentan un marcado dimorfismo sexual, donde el macho presenta aletas pectorales y caudal muy desarrolladas y una dorsal, que comienza a desarrollarse al alcanzar la madurez sexual y va tomando forma triangular, mientras que en el caso de hembras y juveniles, esta última es falcada y de menor tamaño.
La población mundial de Orcas parece consistir de subpoblaciones especializadas o diferenciadas tanto en morfología, como comportamiento, ecología y genética, para adaptarse a las diferentes condiciones ambientales. Esto ha llevado a muchos investigadores a postular la existencia de razas, ecotipos, subespecies e incluso diferentes especies.
GRUPOS LIDERADOS POR LA HEMBRA MÁS VIEJA
Las orcas se caracterizan por poseer una estructura social bastante compleja, viviendo durante toda su vida dentro de grupos familiares liderados por la hembra más vieja, que en general posee algún grado de parentesco con cada individuo del grupo, y han desarrollado un dialecto que varía de acuerdo a los diferentes grupos aunque contiene elementos básicos que comparten entre todos ellos. (Ver recuadro)
Alguna de las amenazas que enfrenta esta especie se relacionan, como en la mayoría de los cetáceos, con la destrucción del hábitat, la sobreexplotación pesquera y la contaminación. Pero en la actualidad, dos de las amenazas más importantes la constituyen su muerte por encuentros con artes de pesca y, sobre todo, su captura para exhirbilas ante el público.
Está demostrado que es una especie que, claramente, no logra adaptarse a la vida en cautiverio. Los ejemplares que son capturados para los acuarios viven un promedio de sólo cinco años y medio, a diferencia de los animales que permanecen en su medio natural, que multiplican por diez las expectativas de vida.
El “buen carácter” y curiosidad de la mal llamada ballena asesina es una ventaja para las capturas y confinamientos, incluso, su carácter bonachón y mansedumbre permiten que rápidamente interactúe con sus entrenadores. Los mejores y más aplaudidos espectáculos de cetáceos confinados suelen ser los que tiene orcas en su programa.
Como vemos en el recuadro, un caso excepcional, que rompe la regla, es el de Keiko, la orca que protagonizó la película “Liberad a Willy”, que murió de una neumonía después de ser devuelto a la vida salvaje. El éxito de la película desató un movimiento mundial para su liberación y la presión popular acabó con Willy en el Golfo de Taknes, en la costa oeste noruega, cerca de donde fue capturado por un pescador cuando tenía 2 años, en 1979. Había pasado 20 años en cautividad, y solo sobrevivió siete en su retiro, donde era vigilada y alimentada.
Texto:
Guadalupe Romero
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