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LA EXTINCIÓN DE LOS PEQUEÑOS
CETÁCEOS
(25-06-09) Mientras la persecución y masacre
de las grandes ballenas acaparan la atención del mundo, sus parientes
más pequeños están desapareciendo a un ritmo insostenible. Según
un nuevo informe de WWF, los pequeños cetáceos mueren en océanos
y ríos, víctimas de la caza desmedida, la contaminación y la pérdida
de sus hábitats.
En el mundo
mueren al año más de 300.000 pequeños cetáceos atrapados accidentalmente
en redes de pesca. Y esta es sólo una de las múltiples causas
que les están llevando a la extinción. Small cetaceans: The
forgotten whales (Pequeños cetáceos: Las ballenas olvidadas),
es el título del último estudio de WWF, en el que se revela que
la falta de normas de conservación adecuadas están empujando
a los pequeños cetáceos – marsopas, delfines y pequeñas ballenas
– hacia una muerte segura.
La organización
pide que se le dedique a estas pequeñas especies la misma atención
que a las grandes, antes de que sea demasiado tarde. La doctora
Susan Lieberman, Directora del Programa de Especies de WWF Internacional,
lo explica así: “Aunque las grandes ballenas no se encuentran,
bajo ningún concepto, fuera de peligro, la situación es igual
de crítica, o incluso peor, para estas especies más pequeñas
y, al parecer, olvidadas”.
Mientras
que las grandes ballenas se hallan, hasta un cierto grado, protegidas
por la moratoria de la caza comercial, establecida en 1986, la
captura de pequeños cetáceos continúa imparable alrededor del
planeta, sin gestión ni control por parte de la comunidad internacional.
Por ejemplo,
la caza de 16.000 marsopas de Dall cada año en las aguas costeras
de Japón está considerada insostenible. Y, aun así, varias de
las naciones defensoras de la caza de ballenas presentes en la
reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) se niegan
a discutir la conservación de los pequeños cetáceos.
“Ya es
hora de que los miembros de la CBI asuman la responsabilidad
de la conservación futura de todas las ballenas, grandes y
pequeñas. El mundo no puede ignorar a las pequeñas ballenas
de la Tierra hasta que sea demasiado tarde”, comenta la
doctora Lieberman.
la falta de datos es una gran desventaja
Una
desventaja significativa a la que se enfrentan los pequeños cetáceos,
en comparación con los grandes, es una falta acuciante de datos
sobre su número y hábitos. 40 de las 69 especies de pequeños
cetáceos (un 58%) están clasificados por la UICN dentro de la
categoría de “Información insuficiente”, lo que significa que
no existen suficientes datos científicos como para determinar
el grado de amenaza de cada especie.
“No
se puede asumir que el término ‘Información insuficiente’ signifique
que la especie está fuera de peligro, al contrario, esto nos
indica que los mejores científicos del mundo, simplemente,
no saben nada”, explica el informe.
Según la Lista Roja de la UICN,
la tendencia creciente o decreciente de las diversas poblaciones
de pequeños cetáceos se desconoce en 60 de las 69 especies. Las
9 especies restantes están en serio declive.
Las
grandes ballenas gozan de mayor protección internacional. Casi
todas las especies disfrutan del mayor nivel de amparo otorgado
por CITES –la convención de conservación que regula el comercio
internacional de especies salvajes protegidas– comparado con
tan sólo el 17% de las especies de delfines y marsopas.
Así mismo, la Convención de Especies
Migratorias (CMS) protege el 87% de las especies de grandes ballenas,
pero menos de la mitad de las especies de pequeños cetáceos.
Los pequeños cetáceos cumplen un
papel clave en su entorno, estabilizando y asegurando un ecosistema
productivo. Son, además, parte de una fructífera industria de
avistamiento de cetáceos en las costas de todo el mundo, un negocio
que genera más de mil millones de euros cada año.
El informe advierte: “Si los
pequeños cetáceos no son una cuestión central en las negociaciones
sobre la caza de ballenas, es posible que los éxitos de conservación
que conseguimos resulten, simplemente, un intercambio de problemas,
de los grandes cetáceos, a los pequeños”.
Texto: Guadalupe Romero, con
información de WWF
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