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(24-06-09) Este mes se reúne el CBI, máximo organismo
que regula el desarrollo de la caza de ballenas y procura su conservación,
aunque países como Japón, Noruega e Islandia hacen caso omiso de
las moratorias y recomendaciones del CBI y, año tras año, continúan
con sus sangrientas campañas de caza.
Del
22 al 26 de Junio tendrá lugar en Madeira la reunión anual
de la Comisión Ballenera internacional (CBI). Un organismo
que se creó en 1948 para regular el desarrollo sostenible de
la caza de ballenas y poder garantizar la conservación de todas
las especies.
A lo
largo de su historia y debido a las constantes amenazas a las
que hacen frente los cetáceos, la CBI dio un giro hacia el conservacionismo,
dando lugar a la moratoria total de su caza en 1986.
Sin embargo,
algunos países como Japón, Noruega y más recientemente Islandia
presentaron objeciones oficiales a la moratoria que les eximían
de su cumplimiento, colocando en un peligroso estado de riesgo
a varias especies en riesgo de extinción entre las que se cuentan
la ballena gris o el rorcual boreal.
Este
año se reunirán 85 países para tratar asuntos prioritarios como
regular los cupos de caza, especificar los métodos de captura
admitidos y delimitar las áreas protegidas.
El objetivo de WWF en esta edición
de la CBI se centra en minimizar el impacto de las actividades
humanas sobre todos los cetáceos y garantizar la supervivencia
de las especies más amenazadas, ya sea como resultado de la explotación
comercial, contaminación marina, cambio climático, colisiones
contra embarcaciones, capturas accidentales por barcos de pesca,
contaminación, sobrepesca de sus recursos alimentarios o cualquier
otra amenaza de origen humano, además de subrayar la baja demanda
de carne de ballena en los diferentes mercados.
cinco razones para proteger
las ballenas
1. No es necesario matar a las
ballenas para su estudio. Desde 1986, fecha en que se
estableció la moratoria en la caza de ballenas, más de 16.000
ballenas han sido abatidas bajo el amparo de la ‘caza científica’,
un permiso especial de la Convención Internacional para la Regulación
de la Caza de Ballenas (ICRW) que permite la muerte de estos
animales para su estudio.
Esta
disposición, con más de 60 años de antigüedad, se añadió en una
época en la que no existían otras alternativas y la muerte era
el único modo de para obtener valiosos datos biológicos de estos
mamíferos. Sin embargo, siglo XXI existen numerosas técnicas
no letales con los que la ciencia puede estudiar a las ballenas,
evitando que ciertos países como Noruega o Japón recurran a esta
excusa para llenar de carne los supermercados.
2. La carne de ballena ya no es parte
de la dieta de japoneses y noruegos. En Japón la demanda de
carne de ballena ha caído en picado, como demuestra el hecho de que
el precio de este producto en el mercado japonés haya descendido de
4.000 a 1.500 yenes/kilo en una década. Sin embargo, los altos subsidios
a esta industria permiten que se siga capturando el mismo número de
ejemplares.
El informe “Economics of Whaling”,
realizado por WWF, investiga la base económica de la caza de
ballena y su comercio, poniendo de manifiesto que las cifras
no encajan. El estudio de coste-beneficio de los dos países analizados
en el estudio, Japón y Noruega, son concluyentes: de no ser por
los altos subsidios que reciben (sacados de los impuestos de
sus ciudadanos) la industria ballenera no podría afrontar sus
graves pérdidas económicas.
En definitiva,
la inviabilidad económica del comercio con ballenas, especialmente
en época de crisis, la hace insostenible ya no sólo desde el
punto de vista ambiental, sino también desde el económico.
3.
Las ballenas no compiten con los pescadores por los peces. Varios
gobiernos miembros de la CBI han argumentado que la caza de
ballenas es necesaria ya que supuestamente devastan amplias
zonas tradicionales de pesca, compitiendo así con el ser humano
por sus recursos alimenticios. Sin embargo, los estudios científicos
al respecto sugieren que no existen pruebas que demuestren
que las ballenas y los pescadores persigan las mismas especies
ni que sus capturas se produzcan en las mismas zonas marinas.
Los análisis
arrojan datos claros sobre el tipo de pescado que consumen las
ballenas y sus áreas de alimentación, e incluso demuestran que
acabar con estas grandes ballenas podría ser perjudicial para
las flotas pesqueras al alterar el equilibrio de los ecosistemas
marinos.
La causa
real de la desaparición de los bancos de peces es la sobrepesca
y el único modo de contrarrestar este problema es mediante la
restauración de los ecosistemas disminuyendo la presión pesquera
en las zonas más afectadas, mejorando las artes de pesca selectivas
y mediante la creación de reservas marinas protegidas.
El Congreso
Mundial de Conservación que tuvo lugar el pasado 2008 en Barcelona
publicó una
resolución sobre la relación entre la industria pesquera
y los grandes cetáceos.
4. Los pequeños cetáceos
son los más perjudicados. WWF opina que los pequeños
cetáceos deben ser una prioridad en la agenda de negociaciones
de la CBI. Casi 9 de cada 10 especies entra dentro de la categoría
de ‘pequeño cetáceo’ y muchas de ellas se encuentran gravemente
amenazadas.
Los pequeños cetáceos como delfines,
calderones, marsopas, se enfrentan a un gran número de riesgos.
Cientos de miles mueren cada año atrapados accidentalmente en
redes de pesca, pero también por otras causas humanas como degradación
del hábitat, ruidos, contaminación del agua, tráfico de barcos,
etc. Muchos de estos cetáceos son migratorios por lo que los
acuerdos internacionales de protección son clave a la hora de
asegurar su supervivencia.
Si la CBI pretende convertirse
en un cuerpo de conservación relevante y efectivo debe ampliar
sus esfuerzos a todas las especies de cetáceos, grandes y pequeñas,
de manera global. En especial WWF está preocupado porque las
limitaciones a la caza de grandes ballenas a países como Japón
puede suponer una mayor presión a las poblaciones de pequeños
cetáceos, como ya ocurrió tras la moratoria de 1986 que prohibía
la caza comercial de grandes cetáceos, años en los que se cuadruplicó
el número de muertes de la Marsopa de Dall, en las aguas costeras
de Japón.
5. El Cambio climático
impide la reproducción de los cetáceos. Los problemas
relacionados con el cambio climático en las poblaciones de
ballenas son ya evidentes. El aumento de temperaturas de los
océanos plantea una seria amenaza para todos los cetáceos,
pero en especial aquéllos en los que el hielo supone una importante
parte de su ya de por sí reducido hábitat, como el rorcual
boreal, el narval o la beluga. En especial el cambio climático
afecta a las ballenas del Antártico. WWF apoya firmemente las
conclusiones del Workshop del Comité Científico de la CBI sobre
cambio climático, celebrado el pasado año.
Pero la ciencia por sí sola no
es suficiente para atajar las consecuencias del cambio climático
sino que es esencial incorporar estas consideraciones en los
planes ya existentes de conservación y mantenimiento de cetáceos.
Es necesario trabajar para desarrollar y aplicar este conocimiento
al desarrollo de políticas y estrategias de adaptación de los
cetáceos, sobre todo en beneficio de las comunidades locales
que realizan actividades empresariales de avistamiento de cetáceos
y que dependen económicamente de las poblaciones sanas y abundantes.
Texto: Guadalupe Romero / WWF |