|
(IW/23-01-09) Científicos de Australia y Estados Unidos
han descubierto varias nuevas especies marinas, como anémonas,
coral rojo, y un espécimen de ascidia carnívora, en las profundidades
inexploradas del océano y al sur de la isla australiana de Tasmania.
Durante el
viaje científico de cuatro semanas, y financiado con dos millones
de dólares, los expertos también hallaron nuevas evidencias del
impacto causado por el dióxido de carbono en los corales del
lecho marino de esa zona, a cuatro y dos kilómetros de profundidad.
"Hemos
buscado vida a una profundidad mayor que en cualquiera de las
expediciones realizadas previamente en aguas australianas" dijo
en rueda de prensa, Ron Thresher, miembro del equipo y experto
de la Organización para la Investigación Industrial y Científica
de la Mancomunidad de Australia (CSIRO).
Con la ayuda de Jason, un submarino dirigido
mediante control remoto, los científicos encontraron a más de
1,4 kilómetros de profundidad, en la que denomina Zona de Fractura
de Tasmania, grandes extensiones de corales cuya formación se
remonta a más de 10.000 años.
"Nuestras
muestras sirven para documentar la fauna australiana en las
mayores profundidades examinadas hasta ahora, incluida una
extraña ascidia carnívora, arañas de mar, esponjas gigantes,
y también comunidades dominadas por percebes y millones de
anémonas con lunares de color violeta", explicó Thresher.
la ascidia vive a 4.000 metros de
profundidad
La ascidia
es un animal marino que está a medio camino entre los vertebrados
y los invertebrados, que tiene hendiduras branquiales y con un
cuerpo protegido por una túnica gelatinosa. Thresher explicó
que ese nuevo espécimen de ascidia que reposa sobre el lecho
marino a 4.000 metros de profundidad, es de unos 50 centímetros
de altura y atrapa a su presa cuando nada y la roza.
"Los
resultados de la expedición son increíblemente excitantes,
nos han dado a conocer más de lo que hasta ahora sabíamos sobre
las profundidades marinas", destacó la bióloga Ghislaine
Llwellyn, directora del programa del departamento oceánico
del Fondo Mundial para la Naturaleza de Australia.
El empleo
del submarino de una dimensión similar a la de un pequeño automóvil,
permitió al equipo de científicos recoger en un total de 14 inmersiones,
cada una de 48 horas de duración, diversas muestras de raros
especímenes, así como fotografiar y filmar áreas del lecho marino
situadas a más de seis kilómetros de profundidad.
Los
investigadores del CSIRO y del Instituto de Tecnología de California,
indicaron que algunos de los corales que descubrieron en las
profundidades están muriendo, por lo que recabaron datos para
estudiar la amenaza que plantean el cambio climático y el creciente
nivel de acidez detectado en el océano para la supervivencia
de las barreras de corales.
"En
la zona también hemos encontrados corales de reciente formación,
sin embargo, hay claras evidencias de que ese sistema coralino
está muriendo, y eso se nota ya a 1.300 metros de profundidad",
dijo el experto del CSIRO.
desciende el crecimiento de la gran
barrera
Un
estudio publicado por el Instituto Australiano de Ciencias Marinas
a principios de enero, alertó de que el crecimiento de la Gran
Barrera de Coral de Australia, una de las de mayor riqueza biológica
del mundo, ha descendido un 14% desde durante los últimos 19
años.
La
caída sin precedentes del crecimiento de los corales en la famosa
barrera situada en la costa oriental de Australia, es el resultado
del calentamiento del agua de los mares y el aumento de la acidez
que se deriva de la subida de dióxido de carbono en la atmósfera.
Los corales adquieren dureza mediante
absorción de los materiales que se disuelven en el agua del mar,
y según los expertos, cuando grandes cantidades de dióxido de
carbono atmosférico llegan al agua del mar, los cambios químicos
resultantes reducen la capacidad de estos organismos marinos
de formar sus esqueletos.
En 2007, Naciones Unidas alertó de
que la Gran Barrera de Coral de Australia, declarada Patrimonio
de la Humanidad y con una extensión de 340.000 kilómetros cuadrados,
corría el riesgo de entrar en una fase de "extinción funcional".
Texto: M. Montoya/PD |