Greenpeace
frena a la flota japonesa
(BV
/ 16-01-08) El pasado lunes, el barco Esperanza de
la organización Greenpeace ha conseguido localizar a la flota
ballenera japonesa, tras diez días de intensa búsquedaen
las inmensidades del Santuario Ballenero en el Antártico.
Tras saberse localizada, la flota ballenera inmediatamente emprendió la
huida siendo seguida por el Esperanza. Esta situación
es positiva ya
que, mientras dure esta persecución, los balleneros
no podrán disparar sus arpones. Si intentaran comenzar a cazar,
la tripulación del Esperanza emprendería acciones
no violentas para impedir la matanza de cerca de mil ballenas, entre
las que se incluyen 50 rorcuales azules, especie en peligro de extinción
En una declaración realizada en inglés y japonés
emitida por radio a la flota ballenera, el responsable de la campaña
de ballenas de Greenpeace en Japón, Sakyo Noda, declaró: “Nuestro
barco y su tripulación están en el Océano Antártico
para condenar la caza que ustedes llevan a cabo, les pedimos que abandonen
el Santuario Ballenero Antártico y vuelvan a puerto de forma inmediata.
Lo que ustedes llaman caza científica es una broma pesada (...).
Las investigaciones científicas modernas sobre las ballenas no
necesitan que se las mate”.
Cuando la flota ballenera zarpó del puerto de Shimonoseki el pasado
mes de noviembre, el Gobierno de Japón confirmó que el único
propósito que existía para su programa científico
era la vuelta de la caza comercial de ballenas.
“La población
japonesa claramente no apoya la caza de ballenas que su gobierno lleva
a cabo en su nombre y que paga con sus impuestos”, ha declarado
María José Caballero, responsable de la campaña
de océanos de Greenpeace; “Es el momento de que el
primer ministro Fukuda ponga punto final al escándalo de la
caza de ballenas y ordene la vuelta de la flota ballenera japonesa”.
Esta es la novena expedición
de Greenpeace a la Antártica y la segunda en los últimos
12 meses. En febrero de 2007, el Esperanza asistió y
escoltó al barco factoría ballenero Nisshin Maru fuera
de las aguas antárticas después de que se declarara un
fuego que dejó inutilizado el barco buque y provocó la
muerte de uno de sus tripulantes.
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