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Historia de amor entre una morsa y su cuidador

(Mark Montoya / 05-03-07) Hasta la prensa rosa japonesa hace eco de la tierna historia de una morsa de 5 años llamada Smooshi y su cuidador, Phil Demers (28 años), en las instalaciones de Marineland, en Niagara Falls. Cuando la morsa llegó desde Rusia al acuario canadiense, tenía un año y Demers fue el encargado de atenderla desde el primer momento, y no tardó en crearse una relación de amor platónico que no se había visto hasta ahora en una morsa en cautiverio.

Smooshi y su cuidadorLa cuestión es que Smooshi no se separa un instante de Demers y le sigue como un perrito fuera del agua, arrastrando sus 300 kilos donde quiera que vaya su cuidador. Para Demers, “estos cuatro años han sido increíbles y según pasaba el tiempo cada vez era más posesiva. Ahora hemos llegado a una situación límite. Tengo que trabajar siete días a la semana porque Smooshi sólo come de mi mano. Las últimas vacaciones que tuve, me llamaron con urgencia porque no quería comer, apenas se movía y llevaba así tres días. Cuando llegué, se abalanzó hacia mí para pasarme suavemente sus bigotes por mi cara, su forma más tierna de declararme su amor e, inmediatamente me empujó hasta el cubo de la comida”.

La historia empieza a preocupar en Marineland, entre otras razones porque la morsa se muestra hostil y gruñona cuando se acerca una mujer a Demers, y éste no puede ir ni al cuarto de baño sin que la morsa le acompañe. Cuando termina su jornada el cuidador, la morsa protesta y grita durante una hora, hasta que se retira a un rincón de su refugio, de donde no se mueve hasta que “siente” la llegada de Demers.

Dice uno de los responsables del acuario, el biólogo Charles Stewart, que saben cuando llega Demers al aparcamiento (a unos 600 metros), porque la morsa sale de su refugio y organiza un escándalo de gritos y aleteos que se oyen en todo el parque. Dice Stewart que “se ha creado una dependencia que, creemos, debería ceder cuando empiece a madurar la morsa. Este tipo de comportamiento no es corriente, pero suele establecerse en los primeros meses de vida cuando han sido prematuramente separados de su madre. Al primer ser que les da calor y cariño, sea hombre o animal, lo convierten en una especie de madre adoptiva hasta que maduran. Pero Smooshi ya es mayorcita, a sus cinco años no debería de mostrar tal dependencia del cuidador, lo que nos induce a pensar que de la relación bebé-madre se ha pasado a una especie de amor platónico obsesivo que no sabemos cómo terminará…”

La repercusión internacional que ha despertado esta historia de amor es consecuencia de la cantidad de visitas que recibe la web que ha creado el cuidador, www.MySpace.com/SmooshiandPhil, en la que se pueden ver vídeos e imágenes de esta extraña y tierna relación.
 
 
 
 
 
 
 

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