Caza de ballenas: políticos reculan ante Japón
Barcos de guerra, aviones espía, filmaciones nocturnas… toda una parafernalia que pusieron en escena los gobiernos de Nueva Zelanda y Australia para poner freno a la barbarie japonesa. Una recopilación de pruebas a gran escala para entablar acciones legales a nivel internacional contra Japón, y que estaban a punto de ser presentadas y que ahora se quedarán en nada. Según la agencia Boomberg, fuentes del gobierno de Nueva Zelanda aseguran que se ha abandonado la idea de emprender acciones contra Japón por “dificultades significativas” en el procedimiento”. Una excusa grotesca que sólo se explica de una manera: las relaciones comerciales que unen el imperio nipón con los dos países y las próximas visitas programadas a Japón de los ministros de asuntos exteriores. Una vez más, la política se vuelve contra las ballenas y lo que podía haber sido un macrojuicio a nivel internacional contra los cazadores ilegales, se queda en un derroche de medios para acallar algunas conciencias y en nada más. Japón despliega su poderío económico e influencia
política con el beneplácito de los más poderosos del
mundo y cada vez parece más difícil que prospere cualquier
acción global contra sus intereses balleneros.
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