Matanza anual de delfines
(MWN / 17-09-09) Un año más, una aldea de pescadores se vuelca
en su tradicional matanza de delfines mulares, nariz de botella y
ballenas piloto. Una masacre sangrienta en los que los animales son
asesinados lentamente con grandes cuchillos y lanzas, en medio de
un mar teñido de rojo.
Unos 375 euros es lo que viene a pagar por la carne de un solo animal,
si bien por algunos se llegan a pagar 675 euros. De ahí que las brutales
matanzas anuales de delfines mulares y ballenas piloto no sólo siguen
sucediendo, sino que su número ha aumentado en Japón a pesar de la
condena internacional.
En la primera cacería de la temporada, que comenzó el 1 de septiembre,
al menos 100 delfines mulares o nariz de botella y 50 ballenas piloto
han sido masacrados y durante los próximos seis meses los pescadores
de la ciudad se encargarán de pescar a casi 2.300 delfines de la
cuota anual japonesa de 20.000 ejemplares.
En la pesca tradicional, los pescadores persiguen grupos de delfines
en mar abierto mientras golpean postes de metal bajo el agua para
confundir su sistema de sonar hipersensible. Los animales, agotados,
son conducidos a una cala cercada con grandes redes para evitar que
escapen y así matarlos a la mañana siguiente con cuchillos y lanzas.
Una vez muertos, los cargan en barcos y los llevan al muelle para
despedazarlos en un almacén, donde el trabajo de los pescadores se
esconde con pesadas persianas.
La condena internacional apenas ha servido para que estas matanzas
se lleven a cabo en un relativo secreto desde 2003, cuando dos miembros
de la organización ecologista Sea Shepherd liberaron varios delfines
encerrados en una cala cercada y preparada para pasarlos a cuchillo.
EXTRANJEROS: POSIBLES SABOTEADORES
Según Justin McCurry, periodista del diario brítánico The Guardian,
durante su visita a Taiji fue acompañado durante todo el tiempo,
se le prohibió hacer fotografías, y fue interrogado por la policía,
que ve a cualquier extranjero como un posible saboteador. Tampoco
ningún lugareño quiso hablar a menos que su nombre nunca fuera publicado.
Taiji, un pueblo de 3.500 habitantes en la costa del Pacífico, es
considerado como el hogar espiritual de la industria ballenera japonesa.
La ciudad, a seis horas en tren de Tokio, está salpicada de restaurantes
que sirven sashimi de ballenas y delfines y la iconografía de cetáceos
aparece en todo, desde las aceras, a los túneles de carretera y hasta
en un aerogenerador. De hecho, cuenta con un Museo de las Ballenas,
donde aseguran que esta pesca comenzó alrededor del año 1600.
Los pescadores locales señalan que los delfines y otros cetáceos
pequeños no están cubiertos por la moratoria de la caza de ballenas.
Lo que los críticos consideran una masacre sin sentido de criaturas
inteligentes, ellos lo ven como un ejercicio legítimo de control
de plagas: culpan a los delfines de diezmar las poblaciones de peces
y defienden su tradición culinaria.
"La gente dice que los delfines
son simpáticos e inteligentes, pero algunas regiones tienen como
tradición comer carne de delfín",
dijo Uoya Oda, un funcionario de la pesca. "La matanza
de delfines puede ser algo negativo para nuestra imagen, pero no
podemos emitir una orden para que se detenga", añadió.
CÁMARAS OCULTAS PARA DOCUMENTAR LA CACERÍA
La crítica se ha intensificado este verano con el lanzamiento de
un documental premiado en EEUU, 'The Cove' (La Cala, en español).
Los realizadores utilizaron helicópteros de control remoto y cámaras
ocultas para grabar bajo el agua a los cazadores en plena faena.
La película desató la indignación después de su lanzamiento en los
EEUU y Australia. Una muestra: Los concejales de la ciudad australiana
de Broome suspendieron hace un mes el hermanamiento que desde hace
28 años tenía con Taiji después de recibir miles de correos electrónicos
protestando por las masacres de cetáceos.
Entre los activistas se encuentra Ric O'Barry, entrenador de los delfines
que aparecían en 'Flipper', la serie de televisión de los años 60.
Ahora, a sus 69 años de edad y después de realizar una campaña contra
el sacrificio masivo de delfines de Taiji durante más de una década,
continúa en la brecha. "Tenemos que mantener Taiji en las
noticias. Cuando veo lo que pasa en esta cala en Taiji, quiero
hacer algo al respecto", señaló. |