EL CENIZO Me
encuentro sentado, con la cara curtida por la sal, el viento y el
sol, mirando, con mis ojos entrecerrados, casi sin ver, como el astro
rey comienza a ocultarse por poniente.................. un
día mas, y las primeras penumbras, el cansancio, y la serenidad
del momento, incitan al recuerdo.................. ..................Sí, falta Zeta, él siempre se retrasa.................. Unos momentos después, prácticamente el grupo había terminado de prepararse, el equipo ligero en redecillas, los jaquets con reguladores y botellas en la camioneta.................. Mientras compruebo todo el material, a lo lejos diviso a una
persona, arrastrando una bolsa de buceo, el chaleco puesto sobre
la espalda, y una Nikonos V en la otra mano, que con premura
(y poca gracia) se dirigía al Centro de Buceo. Nos encontrábamos en esta labor, cuando Zeta, ya integrado
en el grupo, de repente, y con ciertos aspavientos me dice: Ya estamos todos a bordo y Zeta con un salto de tigre desde el muelle, cae de bruces sobre una grifería,………. su cara no refleja dolor, todo lo contrario, satisfacción plena, ..................sus gafas se encuentran cual gorra marinera bien sujetas sobre su frente.................. Unos minutos de navegación rápida, maniobra de fondeo, y todo el mundo a prepararse para la inmersión, los primeros equipados, sentados en la borda, dejan cierto espacio para la preparación del resto de compañeros.................., de reojo miro a Zeta, que con cara de asombro y dedo “señalador”, cuenta el nº de equipos, ¡no me lo podía creer! ¡falta un equipo!, (fugazmente pasa por mi mente el salto del muelle) y llega la conclusión lógica , el equipo de Zeta se ¡quedó en la camioneta! ……………………………………………………………………. Una hora después, subo al barco, y en popa, acostado junto al motor, en posición fetal, me encuentro a Zeta, amarillo, ó mejor dicho, blanco como papel de fumar, el vaivén del barco, el calor, y la imposibilidad de quitarse su semiestanco solo, le provocan un mareo de los de órdago. Mientras volvíamos a la base, los remordimientos
y la pena, me hacen comentarle a Zeta: “¡Gracias!” fue su escueta contestación, conteniendo una arcada. ……………………………………………………………………………. Al poco tiempo, navegábamos de nuevo, rumbo al lugar de la siguiente inmersión, de nuevo mar llana, y el barco a una velocidad cercana a los 30 nudos..................le sonrío a Zeta, que en este momento disfruta mientras le pone un carrete a su Nikonos V, carrete cedido por el Centro, ya que los suyos se le “habían olvidado en el apartamento”. Ya amarrados a la boya de señalización del fondeo, con una mar clara y totalmente llana, siendo el grupo menos numeroso que el anterior, y más novato, hacen que Zeta, exclame: ¡Yo me pongo el equipo en el agua!! Y ni corto ni perezoso,
lanza su jaquet y.................. ¡al
agua!! Con más pena que gloria, logro apañarle un remiendo
a su ya destartalado equipo, con lo que puede realizar la inmersión,
y aunque ésta es de bajo riesgo (poca profundidad, nula
corriente), no hago sino mirarhacia atrás, y en una de éstas,
el panorama no puede ser más desolador, veo: Nos encontramos al cabo de un rato en superficie, junto al barco y el fondeo, y Zeta.................. semihundido, a pesar de ir sujeto por dos compañeros con sus chalecos inflados a tope, una mano en el cabo, y otra a su inseparable Nikonos, que recojo y sujeto al cordel, que para estos casos, dispone la borda del barco. Una
vez todos a bordo, chequeado el material y con
los típicos comentarios de la post-inmersión, iniciamos
nuestro camino de regreso, dando gas al motor, ya que como decía
antes, el tiempo era extraordinario. Su cara era un poema..................,
había desaparecido el objetivo, ¡¡un 15 mm!! Estos sucesos, los estaba comentando, al día siguiente, con varios amigos, los cuales (con toda lógica) me decían que era imposible, que en un solo día, a una sola persona, por pura aplicación de cálculo de probabilidades, le pudieran ocurrir tantas desgracias.................. Acalorados en esta desternillante discusión, aparece en el umbral de la puerta de la oficina, una pareja de la Guardia Civil, que se acerca y me dice, que han encontrado en el aeropuerto una documentación, y que al llevar también un carnet de buceo piensan que puede ser de un buceador, que la halla extraviado y que pudiese estar aún en la zona. Cojo la cartera..................la
abro..................
y aunque mi mente se negaba a aceptar lo que mis ojos veían..................allí..................
en mis manos se encontraba, entre otros documentos......................... Seis meses después, leía con cierta nostalgia y una
sonrisa, una postal-fotográfica, que había recibido
de Zeta, en ella me comentaba, muy ilusionado, que ya no le atraía
el buceo, que había optado por el interior, la
paz de los valles, y el bucolismo de la vida rural, por lo
que se aventuraba en la experiencia de la estabulación
de ganado vacuno.................. Junio 2.007 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||