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el asesino silencioso

(26-06-06) Entre los practicantes del submarinismo apenas se producen muertes por inhalación de gases tóxicos. Cuando esto ocurre se disparan todas las alarmas, como ha pasado tras el último y fatal caso de envenenamiento, en el que un hombre de 45 años perdió la vida en el Mar Rojo, tras respirar el CO que contenía su botella de aire comprimido.

    Uno de los gases más letales para el ser humano es el óxido (monóxido) de carbono (CO). En vista de ello, es el propio ser humano quien no para de fabricar y emitir a la atmósfera este gas, fruto de una combustión incompleta, por ejemplo, de cigarrillos, cocinas, motores de automoción, de barcos, compresores.

    La muerte de un ciudadano alemán de 45 años, que practicaba el submarinismo con su familia en aguas del Mar Rojo, víctima de envenenamiento por CO, vuelve a disparar las alarmas entre los buceadores: ¿cómo controlar el aire que respiramos de las botellas que alquilamos aquí y allá? Cuántas veces, al dar la primera bocanada de aire antes de la inmersión, hemos pensado: “qué mal sabor tiene este aire, ¿será malo?” Tranquilos, da igual. Si sabe mal, no es por el “asesino silencioso”, el CO, un gas incoloro, inodoro e insípido. Indetectable. Así que por muy mal que sepa el aire, será por otras causas, pero no por la presencia de este gas tremendamente tóxico.

 Buceadores Buceadores    La agencia Afrolnews dio la noticia del fallecimiento de un súbdito alemán, que fue encontrado a 14 metros, posado en el fondo aparentemente inconsciente y con el regulador fuera de la boca. Según esa fuente, iba en un grupo de tres buceadores del que se separó durante unos minutos. No llevaban más de 10 minutos de lo que tenía que ser una inmersión tranquila, con gran visibilidad, sin corrientes y en una pared de corales que descendía hasta los 14 metros.

    Bajaron hasta el fondo y comenzaron a recorrer la pared repleta de coral en lenta ascensión. Minutos después, cuando notaron la ausencia del compañero, volvieron hacia atrás y no tardaron en encontrarlo en el fondo, tumbado boca arriba, ya sin signos de vida.

    Tras el primer examen forense, se determinó que la causa de la muerte fue un infarto, producido por un evidente enfisema pulmonar (era fumador) y una obstrucción arterial que afectaba a las coronarias. Pero días más tarde, el resultado del examen químico de las muestras de la autopsia reveló que la muerte fue causada por una importante inhalación de monóxido de carbono durante la inmersión, una dosis cien veces superior a la que puede someterse el organismo.

¿QUÉ PASÓ?

Cerebro Humano    Las investigaciones posteriores al accidente, aunque lentas y bajo secreto sumarial, revelaron que el buceador alemán había utilizado una de las botellas que no habían sido cargadas con las demás en tierra, sino junto a otras cuatro con el propio compresor del barco. Tras los oportunos análisis, tres de ellas contenían ciertas cantidades de CO que, aunque mínimas, podían haber causado severas o tal vez irreversibles dolencias, pero no la muerte.

    La botella que llevaba el buceador (tenía más de media carga cuando la analizaron), contenía dosis letales de CO. Según los expertos, el envenenamiento ante tales cantidades es muy rápido y, en menos de 5 minutos, se suceden rápidamente los síntomas que desembocan en un estado de coma profundo o algo peor. En este caso, la muerte sobrevino por infarto antes que por ahogamiento.

Compresor Compresor     El barco en el que se produjo el incidente llevaba siete años surcando el Mar Rojo cargado de submarinistas, realizando estas operaciones una y otra vez, y pertenece a uno de los múltiples centros de buceo de Hurghada. Ahora, el club ha sido clausurado y los propietarios están pendientes de un proceso por imprudencia con resultado de muerte y han de enfrentarse a su mala suerte y a la cruda realidad de lo que ocurrió.

    Como siempre se ha hecho, cada vez que el barco fondeaba a la hora del almuerzo o para alguna inmersión larga, la tripulación aprovecha para cagar botellas en una instalación perfectamente adecuada para ello. Pero aquel día, durante un tiempo tuvieron amarrado en la amura de estribor “un barco amigo” en el que también se cargaban botellas. Parece ser que la salida de humos del compresor y el motor del barco amigo estaba cerca de uno de los respiraderos del cuarto de carga del barco del accidentado y esa parece ser la explicación de cómo cuatro botellas se cargaron más o menos contaminadas con CO y nadie se dio cuenta. Luego, la mala suerte y el azar se aliaron para que el buceador alemán respirara ese aire envenenado en su última inmersión.

PELIGRO DESDE EL PRIMER SÍNTOMA

Inhalación de CO Inhalacion de CO     La inhalación lenta de concentraciones bajas de CO tiene una sintomatología parecida a la de la gripe: causa cefaleas, mareos, zumbido de oídos, fatiga, fiebre y somnolencia. En mayores concentraciones, el afectado ya sufre convulsiones, pérdida de conocimiento, coma y probable muerte. Una vez que el gas inhalado pasa al torrente sanguíneo y se fija en lo glóbulos rojos, la hemoglobina se convierte en carboxihemoglobina (COHb) y la sangre pierde la capacidad de repartir oxígeno por el cuerpo, causando graves daños, la mayoría irreversibles. En los casos más graves, en los que se llega al coma profundo, la mortalidad llega al 35%. Sin embargo, salir del coma significa graves secuelas de orden neurológico de por vida.

    Se han dado casos de intoxicación por CO (entre el 10 y 15%) que, tras la recuperación total del afectado, al cabo de unas semanas recaen con el llamado “síndrome tardío”, una combinación de los síntomas antes descritos y trastornos neurológicos parecidos a los del Parkinson. También se dan síntomas más sutiles como déficit de memoria, disminución de la capacidad de concentración, trastornos de la personalidad, mal humor e irritabilidad.

    El único tratamiento que se puede aplicar de forma inmediata a una persona intoxicada por el CO es administrar oxígeno al 100%. Aplicado en grandes dosis es la única manera de separar el CO de la hemoglobina y el uso de una cámara hiperbárica incrementa más la disociación de la carboxihemoglobina. De hecho, en cámara hiperbárica, comprimido a 3 atmósferas y con el oxígeno al 100%, la vida media del COHb se reduce de 5 horas a 25 minutos.

RIGUROSO CONTROL

    Es evidente la importancia de un riguroso sistema de control en las operaciones de carga de aire comprimido. En algunos países, las instalaciones fijas en tierra se someten a una reglamentación específica que exige, entre otras medidas, el control del aire que toma el compresor. Las inspecciones periódicas, no solo de la maquinaria, sino del entorno de donde se toma el aire son más que necesarias y, como hemos podido comprobar en muchos centros de buceo de todo el mundo, no hay un riguroso control del tema.Interior de un compresor Interior de un compresor

    En cuanto al uso de los compresores portátiles, su ubicación, instalación y manipulación sólo está regulada por el sentido común de quienes los utilizan. Simplemente, el arranque del motor de un barco en las cercanías de donde se realizan cargas de botellas puede suponer un gravísimo peligro. Se supone que el operador del compresor está al cuidado de que no haya cerca fuentes de emisión de gases nocivos. Pero al final, somos nosotros los que respiraremos ese aire.

    Yo, desde luego, siempre procuro “husmear” (literalmente) en el proceso de llenado de las botellas que vamos a usar y, si me encuentro con que tengo que respirar de botellas “de origen desconocido”, a pesar de que pruebo una y otra vez ese aire antes de entrar en el agua, no puedo evitar cierta aprensión durante los primeros minutos de inmersión...

Texto: Rafael Vicetto
www.fisiovicetto.com

 
 
   
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