rescate: mÁs que una tÉcnica
(21/06/06)
De repente, mi compañero comenzó a comportarse
de manera extraña. Llevábamos 7 minutos de
inmersión, habíamos descendido por el cabo
del ancla a 12 metros y, tras los pertinentes ajustes, comenzamos
a explorar los alrededores de una gran roca en unas condiciones
de visibilidad y temperatura ideales. Miguel estrenaba nuevo
equipo, era su cuarta inmersión, lo hacía muy
bien y todo iba perfecto... hasta que algo empezó a
fallar.
Su ritmo de respiración
rápido, el movimiento de los brazos y sus ojos muy abiertos
hicieron sonar un montón de alarmas en mi cabeza. Miguel estaba
perdiendo los nervios, se revolvía y palpaba desesperadamente
el jacket. Me acerqué, le miré de frente sujetándole
los hombros con mis manos intentando tranquilizarle y ver qué pasaba.
Pero su agitación iba en aumento así que tomé el
mando de la situación; con suavidad y determinación,
sin que dejara de ver mi cara y controlando su flotabilidad,
iniciamos un lento ascenso durante el que intentó por
todos los medios hinchar su chaleco para subir hacia el barco
como un cohete.
Ya en la superficie,
con la cabeza bien fuera del agua, se tranquilizó en
unos minutos cuando se vio sujeto por un cabo lanzado desde
el barco. ¿Qué pasó? Una tontería.
Una novatada que se pudo pagar muy cara sin mi experiencia
como buceadora y aquel maravilloso curso ACUC de rescate que
hice hace años. Mi amigo se asustó y perdió la
tranquilidad porque no encontraba su consola con el profundímetro
y el manómetro de presión. “Me lo metí en
el bolsillo y cuando quise mirarlo no lo encontré, creí que
se me había enganchado, que tenía la tubería
rota y perdía todo el aire...” , nos contaba aún
asustado y tembloroso en el barco.
Alucinó y
perdió el control de la situación por una simpleza
pero, ¿por cuántas tonterías como esta
se han producido graves accidentes? Rescatar a un compañero
es algo más que una técnica. Para detectar
un problema antes de que éste se convierta en un peligro
se necesita, aparte de experiencia y saber lo que hay que
hacer, un poco de psicología y ser una persona muy
intuitiva, aparte de tener nervios de acero. Sentado en tu
silla, leyendo esta pantalla de Buceo Virtual, poco se puede
aprender de técnicas de rescate. Son tantas y diferentes
situaciones las que se pueden dar que se necesitarían
páginas y páginas para describirlas. Que estas
líneas sirvan para entender la necesidad de que todos
los buceadores, nada más obtener su título
básico, deberían hacer un curso de técnicas
de asistencia y rescate.
Se
suele “confiar” en la experiencia de tu pareja o en el cuidado
de los instructores o profesionales que nos guían, pero
la realidad es que cada buceador es el último responsable
de su propio bienestar. Los beneficios de conseguir una titulación
de rescate empiezan por uno mismo. El curso, con unas horas
de teórica y prácticas tanto en piscina como
en el mar, nos enseñará a saber responder rápidamente
ante una situación de emergencia bajo (o sobre) el agua
y, sin duda, aumentar exponencialmente las probabilidades de
superarla con éxito.
Tener calma y saber valorar la
situaciÓn
Ante
una situación de este tipo, lo primero que hay que
hacer es acercarse con cuidado, valorar la situación,
tratar de adivinar qué ocurre al tiempo que tratamos
de ver hasta qué punto está afectada por el
pánico nuestra pareja. Si responde a nuestros gestos
y se comunica de alguna manera, es que aún mantiene
el control y más o menos podrá moverse por
sí mismo. Si no sigue nuestras instrucciones y no
coordina, ya estamos en situación de riesgo; el rescatador
estará en máxima alerta, ya no solo por la
integridad física del compañero, sino por la
propia seguridad.
A
partir de ese momento nos enfrentamos a toda una serie
de condicionantes, que nos harán actuar de una forma
u otra. El estado del individuo, su problema, el lugar
donde se produce, ya sea en inmersión o superficie,
corrientes, temperatura, oleaje, cercanía al barco
o punto de partida... En resumen, un montón de circunstancias
que pueden entorpecer (o ayudar) a la hora de poner en
práctica las técnicas de rescate que hemos
aprendido.
Por regla general,
en los cursos de salvamento y rescate, aparte de primeros auxilios,
lo primero que se enseña es cómo se producen
los accidentes, cómo evitarlos y cómo actuar
ante ellos para minimizar sus efectos. Pero lo más importante
es aprender el “autorescate”, a controlar el propio stress,
algo en lo que se hace hincapié desde la primera clase
teórica hasta el último día de curso,
en el examen de mar. Cuando tenemos ese autocontrol, entonces
es realmente cuando empezamos a aprender cómo manejar
el stress de terceros y a hacer frente a múltiples situaciones
de riesgo.
En próximos capítulos
iremos desglosando, a grandes rasgos, cómo reconocer
una situación de peligro antes de que se produzca, acciones
en superficie y bajo el agua, cómo controlar al sujeto,
su transporte al barco o punto base, cómo sacarlo del
agua y proceder a su reanimación.
Texto y fotos: Guadalupe Romero
/ BV