MIL RAZONES PARA NAUFRAGAR
(03-12-09) La trágica desaparición de dos compañeros buceadores, María Lourdes e Israel, agita de nuevo un tema que desde hace mucho tiempo se cuestiona, la precaria seguridad de muchos de los yates que ofrecen vida a bordo en el Mar Rojo, en los que se embarcan miles de buceadores al año.
Desde hace una década, prácticamente la totalidad de la flota de barcos de turismo que surcan las aguas del Mar Rojo cargados de turistas y buceadores, navegan bajo bandera egipcia (por decreto desde 1998) y están construidos en los astilleros de de las playas de Alejandría, a unos 250 kilómetros de El Cairo.
Hablar de los astilleros de Alejandría es describir una inmensa línea de playa donde se suceden las empresas constructoras en un caos ordenado y no fácil de delimitar. No se sabe donde acaba uno y empieza otro, pero los astilleros allí asentados desde tiempos lejanos, son negocios familiares que han pasado de generación en generación y que han convertido lo “artesanal” en una próspera industria, aunque de baja calidad.
Esta playa-astillero fue colonizada por los primeros artesanos a principio de siglo, que construían barcazas de pesca de unos cinco metros de eslora, fabricadas con maderas exóticas, como el Sapeli, traídas de África occidental.
Ahora, tras pasar los negocios de abuelos a padres y éstos a sus hijos, familias y operarios contratados, no más de veinte por “astillero”, se afanan en diseñar y construir con toda rapidez la mayor cantidad posible de “yates de recreo”. En cuanto más grandes, mejor.
El vertiginoso aumento de la demanda de estos barcos para uso turístico en aguas del Mar Rojo, sumado a la total falta de reglamentación de seguridad, que ni por asomo cumple con los estándares europeos, ha propiciado una situación de absoluta desidia que empieza a cobrarse víctimas de forma dramática.
EMBARCACIONES ARTESANALES A ORILLAS DEL MAR
Mohamed Jalal Sabri tiene las dotes de un buen artesano. Lleva toda la vida en Alejandría construyendo embarcaciones de pesca y de recreo. Lo aprendió y heredó de su abuelo y de su padre. Ahora dirige a un equipo de 18 personas, todos hábiles carpinteros. Son los primos, hermanos, tíos y contratados, que cada día se dan cita a orillas del Mediterráneo.
El astillero ocupa su correspondiente rectángulo de playa y trabajan al aire libre, sobre la arena. Allí hay cerca de una veintena de barcos a medio terminar, al menos siete de ellos yates de lujo. Hay uno inmenso, de unos 20 metros de eslora, que en un mes podrá surcar los mares… Al menos así lo exige el propietario que lo ha comprado sobre el plano y ya ha pagado la factura, que resulta ser menos de la mitad de lo que costaría en un astillero “barato” europeo.
Aquí, aunque parezca raro, todo va muy deprisa y los costes de producción son muy bajos. Mohamed dice que necesita unos siete meses de trabajo para dejar listo un yate de 16 metros. Aunque, como es el caso del de 20 que está terminando, el propietario tiene mucha prisa y hay que acabarlo en sólo cuatro meses…
El precio de un ejemplar de este tipo (16m) es de unas 900.000 libras egipcias (unos 100.000 euros), “un cuarto de lo que cuesta en Europa”, dice Jalal. "El material que utilizamos es bueno, todo de madera, los tipos de madera que utilizamos son Iroko, Teka, Bolondo... Los motores también son de buena calidad, japoneses y americanos”.
Junto al astillero al aire libre, hay pequeñas casetas que se utilizan a modo de talleres. En el interior de una de ellas -hogar además de algunas aves de corral- hay decenas de patrones que sirven de guías para tallar las piezas de las naves y grandes herramientas. Son casetas comunitarias que comparten entre los astilleros, así abaratan costes de producción.
Además, allí no hay secretos. Dice nuestro anfitrión que “Todo está inventado. Aquí no se hacen dos barcos iguales. Cada uno es distinto sobre la misma base y estructura. Cada cliente quiere algo diferente en la distribución, altura, aspecto… Y en cuanto a calidades lo mismo. Hay de todo”.
ESCATIMAN EN LA CALIDAD DE LA MADERA, MÁQUINAS…
Es el momento de preguntarle por la “competencia desleal”, aquellos que venden embarcaciones de baja calidad que perjudican el prestigio de otros astilleros vecinos. Dice que “El problema es cuando hay poca demanda y poco margen de ganancia. Son unos piratas, usan maderas de baja calidad, escatiman en calidad de maquinaria, válvulas y motores… Por ejemplo, en una bomba de achique pueden ahorrarse hasta 20 euros por unidad según calidad. Ya no hablemos de los materiales metálicos usados para remache y sujeción, que se corroen en este Mar en un par de años”.
En el Mar Rojo hay barcos de quince años, atestados de pasajeros, navegando como si nada. En teoría, la vida útil de estas embarcaciones es de cuatro años y el secreto de su amortización y ganancia es, para los dueños, “que no pare un instante”. Esto provoca constantes rotaciones de tripulaciones que, a su vez, están poco, o nada experimentadas en el manejo de las embarcaciones llenas de turistas. Allí casi siempre es temporada alta.
Para aumentar hasta mil las razones para naufragar en el Mar Rojo, la profusión de establecimientos que “a ciegas”, sobre catálogo, ofrecen plazas en estos “yates de ensueño para hacer vida a bordo” a los buceadores, y crean situaciones como la del Coral Princess, en el que hasta el Dive Master era otro lugareño sin experiencia y que apenas hablaba inglés u otro idioma no árabe.
Hay un personaje en toda esta historia que juega un papel fundamental en la seguridad de los viajeros, que trabaja casi en la oscuridad, que se embolsa un sabroso porcentaje de cada expedición y que está por encima del bien y del mal cuando ocurre una desgracia o cualquier tipo de incidencia. Se trata del “independiente”, la persona que se pone en contacto con los dueños de los barcos en los mismos astilleros, e intermedia con agencias, clubes, organizaciones, etc. de todo el mundo.
LA MEJOR GARANTÍA, VIAJAR CON EL AGENTE
Aquí es donde hay que hacer una clara división en cuanto a la seguridad, garantía y calidad del viaje al Mar Rojo. Por una parte las grandes y pequeñas agencias, incluso clubes de buceo que tienen su propio personal involucrado en el viaje, de principio a fin. El hecho de que viajen contigo es la única garantía de que no vamos a embarcar en una cochambre.
También son de fiar la mayoría de los clubes regentados por extranjeros en el propio Mar Rojo, que venden “in situ” plazas en barcos de buceo que ellos mismos tienen bajo control y permite garantizar estándares europeos de seguridad y confort.
Por otra parte, los que captan a ciegas, sobre catálogo las excelencias del Coral X de turno, referenciadas por viejas fotos, mailes, bonitas webs y boca a boca… Así pasan las cosas: con toda su buena voluntad, la Agencia X andaluza contacta con clubes de buceo ofreciendo el Mar Rojo a “precios de crisis”. Un Club Valenciano se interesa, “todo tiene muy buena pinta, las fotos del barco son estupendas y son gente de confianza” y… ya está en marcha el destino.
LA MASIFICACIÓN, UN PROBLEMA PARA TODOS
Llevamos desde principio de los años noventa buceando en el Mar Rojo. Más de quince visitas en las que hemos visto crecer la oferta de buceo, la hostelería, la modalidad de la vida a bordo… hasta llegar a la masificación. Veo con horror fotos de hasta diez barcos fondeados, amurados todos en uno, con sus respectivos pasajeros buceadores en el agua. Calculando unos 14 por barco, suma la bonita cifra de 140 buceadores pateando a la vez el mismo arrecife... Demencial.
Pero lo peor de todo es que se ha confundido el tocino con la velocidad. Antes la pasta que la racionalidad. Allí, los intereses económicos han convertido el buceo deportivo en un negocio enemigo del Mar Rojo, de su Naturaleza y hasta del ser humano. No hay control suficiente de nada, ni seguridad para los humanos, ni para los arrecifes y las especies que los habitan.
No pasa una semana sin que salte la noticia de buceadores perdidos en aquellas aguas. La mayoría son “descuidos” de los patrones, que se dejan a sus buceadores por el camino y que, afortunadamente, en su mayoría son rescatados. Pero la tragedia de los buceadores valencianos colma el vaso de la irresponsabilidad y debe ser el punto de partida de una campaña para conseguir de alguna manera la regulación de las actividades subacuáticas en aquel país.
Pero, ¿por parte de quién? El problema es que genera una riqueza inmensa que el gobierno egipcio no quiere dejar escapar. Cada visitante es una fuente de ingresos para el estado y no va a espantar la clientela racionando la oferta de barcos. Que están en el estado que están, da igual. Si pasa algo, para eso se han contratado compañías de seguros…
Texto: Jorge Keller - Deep Blue Video